Un narcotraficante de Bonao llevaba apuntado en un cuaderno, lA lista de agentes policiales, antinarcóticos y de fiscales con los montos de los sobornos que les pagaba.
En una lucha de poder de las dos principales bandas de reconocidos narcotraficantes de Puerto Plata, tres jóvenes cayeron muertos y la dotación completa de la Policía, agentes de la Dirección Nacional de Control de Drogas y fiscales se vieron involucrados en los episodios.
Un fiscal de Higüey fue llevado ante el que califican como el principal capo de la droga en esa zona, lo desnudaron para humillarlo y garantizar que no llevaba micrófonos ocultos, y lo pusieron de rodillas ante el narcotraficante a quien rogó por su vida y la de su familia.
Cito estos tres casos recientes, y motivos de escándalos públicos, pero la lista podría llenar de arriba abajo el espacio donde se publica esta columna, y no llegar a la conclusión, una conclusión sencilla: el narcotráfico está arrodillando a la sociedad dominicana.
Ese fiscal que rogó por su vida y la de su familia, postró ante el capo del narcotráfico a la justicia represiva, los policías y fiscales de Bonao y de Puerto Plata, donde los agentes eran parte de la lucha de pandilleros de la droga, que hicieron lo mismo con la autoridad que representaban.
La corrupción del narcotráfico ha llegado al tuétano de la sociedad nacional. Y si es mucho el dinero que mueven los narcotraficantess, es mucha la apetencia de fortuna fácil que tienen no pocos de los que han escogido el camino de servir en el Estado. Hay mucha gente honesta, seria, leal y sobre todo responsable de su deber.
Pero una manzana podrida, una sola, es capaz de dañar todo el barril.
Por ello, como dicen los estrategas militares, que en la eliminación del enemigo, usando la fuerza bruta, hay daños colaterales inevitables. Tengamos paciencia y comprensión, entonces, con el proceso de depuración, y hasta de profilaxis si se quiere, no purga, que se hace en los estamentos militares y policiales, del que no puede dejarse fuera la justicia y otros sectores de la vida nacional, sean poderes fácticos o simples entes de la vida cotidiana e institucional.
Lo que debe primar, y en eso debe presionar la sociedad comprometida con la institucionalidad, la libertad, la democracia y el desarrollo de República Dominicana, es que se cumpla en toda su extensión, caiga quien caiga, la consigna que repitiera el presidente Leonel Fernández el 27 de febrero: “El narcotráfico, aquí, no pasará”.